Los periódicos se hacen eco de predicciones económicas cada día. Sabemos, sin embargo, que estas predicciones pueden ser fallidas, especialmente en momento convulsos, pero siguen recibiendo mucha atención sin juicio.
Hoy traigo un ejemplo de esto.
En el gráfico he representado las «predicciones de crecimiento para la economía española en 2008» que gobierno, bancos y otras instituciones hicieron durante los meses anteriores. ¿Fueron capaces de predecir la crisis?

La idea es de un usuario de burbuja.info, que recopiló los datos.
- En 2007 los expertos decían que España crecería un +3% en 2008.
- En junio (ya de 2008) anticipaban un crecimiento del +2%.
- En octubre, con el año acabando, sus predicciones superaban el +1%.
- Sin embargo, España entró en recesión y su PIB se contrajo un 1,2%.
Es evidente que las estimaciones del gobierno y del resto de instituciones fallaron. Fueron incapaces de predecir la crisis, o de calibrar su magnitud una vez ésta fue evidente. Se limitaron a ser conservadores, en previsión de que todo seguiría igual, o parecido.
Sus predicciones se movieron como un rebaño, reacias a extremarse y asumiendo cierta dosis de “normalidad”. De hecho todas las predicciones se localizaron en la parte central del histograma —que representa lo que ha sido frecuente, o normal, desde 1971 hasta hoy… o mejor, hasta ayer.
¿Fue la crisis un cisne negro?
La crisis española es una situación anormal en perspectiva histórica. Por ejemplo, una caída del 4% como la de septiembre de 2009, sólo había ocurrido una vez desde 1971. Quizás Nassim Taleb diría que la crisis es un cisne negro, un fenómeno de naturaleza impredecible, extraordinario, que sólo podemos explicar cuando ha pasado.
A mi no me convence esa idea. Puede haber una parte de verdad, cierta componente impredecible en la coyuntura económica internacional, pero creo que los cimientos de la crisis nacional estaban a la vista.
Desde 2006, y quizás antes, mucha gente vaticinaba el ocaso del milagro español, todo ladrillo y vuelo charter. Esas personas hablaban del final de la burbuja, y pedían lo mismo que hoy: más productividad e inversión en conocimiento para poner a carburar un nuevo modelo productivo.
En defensa de lo cuantitativo
Para terminar, permitidme un caveat. Soy un defensor de las predicciones cuantitativas —¡he dedicado una tesis al asunto!—, y las considero obviamente útiles y necesarias.
Lo absurdo es pretender que las predicciones son perfectas. No lo son. Difundirlas como infalibles y precisas es contraproducente y convierte algo útil en peligroso.
La solución pasa por comunicar mejor. Por ejemplo, en lugar de dar cifras con decimales, uno puede usar un intervalo y decir que se prevé «un crecimiento entre el 0% y el 1%». De esa forma envías dos mensajes: primero, que tu previsión es imprecisa y segundo, que eres consciente de ello.
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