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El experimento Milgram: crueldad y obediencia

May 14, 2007 por Kiko Llaneras · 1 Comentario

Pensaba escribir una anotación relativamente completa sobre el experimento que el catedrático de psicología de Yale, Stanley Milgram, realizó en la década de 1960, pero veo que ya se ha escrito mucho al respecto. Así que me limitaré a introducir el tema, y al que le interese que siga leyendo.

A priori, el experimento consistía en lo siguiente:

dos individuos acudían al laboratorio, aparentemente para participar en estudio sobre la memoria y el conocimiento. Uno haría de «alumno» y el otro de «profesor». El alumno era aislado en una habitación y conectado a una maquina «generadora de descargas eléctricas». La maquina tenía varias palancas alineadas: «descarga leve», «descarga potente», … «XXX». Al alumno se le explicaba que debía memorizar una serie de palabras, y que si fallaba el profesor le aplicaría descargas cuya intensidad iría incrementándose.

Pero en realidad el alumno era un actor y las descargas, falsas. El profesor era el auténtico sujeto bajo estudio. El objetivo de Stanley Milgram era comprobar la capacidad de una persona corriente para hacer sufrir a una víctima inocente y angustiada.

Los resultados vinieron a contradecir el pronóstico de 14 expertos (optimistas). Aunque los alumnos gritaban y pedían clemencia, el profesor seguía haciendo preguntas y aplicando descargas. Cuando alguno de los profesores mostraba dudas, el investigador que supervisaba el experimento le animaba a continuar con las siguientes frases (en este orden): «por favor continua», «el experimento necesita que continúes», «es absolutamente esencial que continúes» y por último «no tienes otra opción, tienes que continuar» [frases originales en inglés]. Si después de haber oído todas estas frases, el profesor insistía en parar, el experimento se daba por terminado.

Pues bien, varias tandas de experimentos demuestran que más del 60% de las personas son capaces de aplicar la potencia máxima antes de que el experimento diera a su fin.

Más del 60% parecían dispuestos a electrocutar a un conciudadano hasta dejarlo inconsciente o incluso producirle la muerte, solo porque un hombre vestido con bata blanca les había dado instrucciones para hacerlo. (Joseph Heath y Andrew potter, «Rebelarse vende» [inglés])

El experimento es un ejemplo clásico de la naturaleza del mal y del poder de la autoridad sobre el individuo. Como dice el propio Milgram: «Una persona corriente que cumple con su trabajo y no parece especialmente hostil puede convertirse en ejecutor de un terrible episodio destructivo. Además, pese a la naturaleza dañina de un acto incompatible con los criterios éticos elementales, pocas personas parecen tener la suficiente entereza para resistirse a la autoridad.».

¿La verdad es que da que pensar ¿no?

 

Curiosidad 1: El expermento se suele citar cuando se habla del genocidio nazi (que parece que fue una de las inspiraciones de Milgram), del poder de los totalitarismos, de la sociedad conformistas, etcétera.

Curiosidad 2: Un experimento similar es el Stanford prison experiment, en el que se basó la película «Das Experiment» (que a mi me gusto en su momento, pero como la vi en el festival de sitges, no puedo recomendar. Todas las películas que he visto allí me han gustado. Debe ser pura sugestión).

Curiosidad 3: He sabido del experimento a través del libro «Rebelarse vende», de Joseph Heath y Andrew potter (que por cierto, tienen un blog). Llevo solo unas 50 páginas, pero su crítica a la contracultura promete ser una fuente ingente de frases, anécdotas y reflexiones para esta bitácora.

Curiosidad 4: un artículo publicado en PlosOne (por cierto, la primera revista científica web 2.0) describe un experimento equivalente, pero llevado a cabo en un entorno virtual (¿porque no se me ocurrió a mi?).



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