Como ya había comentado, mañana parto para Louvain-la-neuve, Bélgica. Tres meses de estancia de investigación en una de las pocas –realmente, no tan pocas– ciudades planificadas del mundo:
Louvain-la-Neuve is a planned city in the municipality of Ottignies-Louvain-la-Neuve, Belgium. To a great extent, it still lives following the rhythms of the university that is its raison d’être.
Lo de razón de ser no es en sentido figurado, sino que, ciertamente, la ciudad se diseño y se construyo a finales de los 60 para alojar la universidad escindida de Leuven (la vieja).
Pero ya habrá tiempo para ir contando cosas, de momento solo quería avisar de que estoy lejos. Aunque quizás, en términos cibernéticos (¿os acordáis de cuando se usaba esta palabra para hacer referencia a la red de redes?… menudos anacronismos), lo importante no es que este lejos-de-donde-suelo-estar, sino que quizás estaré más ocupado o que escribir por aquí me resultará más difícil.
Etiquetas:
Bélgica, louvain-la-neuve
Estos días estoy estaba poseído por una fiebre de mac-converso que me obliga a probar todas y cada una de las aplicaciones que existen para MacOS X.
Esta perversión –porque no puede ser llamada de otra forma– me ha perseguido durante años, aunque se presenta bajo diferentes modalidades. Básicamente, tengo fijación por la completitud. Cuando compro algo, comparo todas las opciones posibles; cuando decido cual es la mejor ruta para ir de A a B, considero todos los aspectos: ¿es el autobús más barato? ¿no es mejor el tren porque permite leer? ¿el avión compensa? También sufro cuando decido como organizar las vacaciones o que hacer un fin de semana (¿pasar dos noches en Carcassone o solo una y aprovechar para ver Toulusse?)
Por aquí he dejado pruebas de este problema en varias ocasiones: con la compra de mis ordenadores, la de libros y con los análisis sobre vivienda. Y estos días, con la novedad del MacBook, me he dedicado a probar decenas de programas, la mayoría de los cuales no necesito y no usaré jamás.
Aunque haciendo un alarde de auto-control, he conseguido ignorar los programillas de gestión de tareas (que no uso, pero que son extrañamente atractivos), renunciar a sincronizar iCal con google calendar (o casi renunciar), no probar todos los widgets que existen, etcétera. De esta forma, he limitado mi recolección de software a tres categorías:
- Programas muy conocidos y de propósito general (adium, quicksilver, virtuedesktop, transmission, transmit, imagewell, etc.)
- Programas de blogging como Ecto, MarsEdit, Flock, etc.
- La ingente cantidad de herramientas para escribir (no solo editores de texto): Word, Xpad, Scrivener, WriteRoom, Writer, TextMate, TextEdit, OmniOutlinier, etc.
Las dos últimas categorías llevan un problema asociado: algunos de mis aplicaciones favoritas son shareware, y tengo que plantearme por cuales estoy dispuesto a pagar unos pocos euros. Ya os contaré que dicisiones tomo en los dos casos… a ver si a alguno le ahorro el tiempo que voy a perder yo
Etiquetas:
Kikollan, macos