Me encanta cuando Arcadi Espada analiza la sintaxis de un texto, como hizo hace unos días:
El corresponsal de El País en Roma escribe que el jefe del gobierno italiano, Romano Prodi, “se vio obligado” a “pergeñar” un decreto de expulsión de los rumanos con mala catadura, que diría Silver Kane. Es el 7 de noviembre. Hoy es 19 y la corresponsal en Milán da la noticia (tratamiento muy discreto, of course) de que las expulsiones han comenzado (177). Y escribe que Romano Prodi se “vio obligado a aprobar“ un decreto, etcétera. La perífrasis verbal tiene el habitual interés socialdemócrata. El corazón de Prodi no quería en modo alguno proceder a la expulsión; pero la cruel razón de la realidad (que es de derechas) le ha obligado a ello. Es probable que el lenguaje sea una ventana al mundo; pero lo indiscutible es que el lenguaje es una ventana a las trampas del mundo. Nada, a excepción de su ética, ha obligado a Prodi a tomar esta miserable decisión. Pero el doble fondo socialdemócrata lo exculpa. Que para eso fueron hechas las perífrasis y la ortopedia en general.
Ya lo dice Espada: «Es probable que el lenguaje sea una ventana al mundo; pero lo indiscutible es que el lenguaje es una ventana a las trampas del mundo». Por eso da gusto cuando el las desenmascara.


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