Creo que ya mencioné que hace un par de meses viaje con mi padre desde Louvain-la-neuve (Bélgica) hacia Normandía (Francia). Pues bien, nuestra primera parada fue en Amiens, que nos sorprendió gratamente.
Catedral de Amiens
La parada obligada es la catedral más grande del mundo. Si os fijáis bien, veréis que la gente al pié de la catedral se ve realmente pequeña.
El detalle del pórtico es una representación de San Juan Bautista (creo), sosteniendo su cabeza sanguinolenta entre las manos (puro gore medieval).
Otro detalle del pórtico: varios notables con sus elementos característicos (por ejemplo, las cruces para los crucificados). Además, todos se elevan sobre la espalda de unas figurillas pecaminosas.

Callejear por Amiens
También merece la pena callejear por la ciudad y sus canales.
Como muchas ciudades de la zona norte de Europa, Amiens es una ciudad construida en torno a un puerto fluvial. En concreto del rio Somme famoso por la batalla de la I guerra mundial.

Casa museo de Julio Verne
La casa-museo de Julio Verne, probablemente el primer escritor que conocí por su nombre y el nexo entre mis dos géneros favoritos de niño: las novelas de náufragos y la ciencia-ficción. El museo merece la pena, te traslada perfectamente al día día de un burgués acomodado del XIX al que le dio por escribir sobre la tierra inhóspita… y bueno, más allá. Por lo visto tenía una biblioteca gigantesca y estaba suscrito a montones de revistas científicas y de divulgación. Más de 100 años después es difícil imaginarse lo exótico que debían resultar sus historias para sus contemporáneos. Por otro lado, cuando descubres que sus novelas se publicaban por capítulos, entiendes mejor que algunas estén tan alargadas. Con perdón.


