Esta mañana, hablando de política con Sergio (aunque como de costumbre hemos acabado en hablando en términos historico-socio-filosóficos) ha salido a relucir el tema de la herencia. De como la revolución obrera intento desterrar los derechos de nacimiento de los nobles (cuyos títulos y riquezas se transmitían de padres a hijos), y de como han “fracasado”.
Todo el mundo se queja de que el hijo del rey herede el trono, sin ganárselo. Lo despreciamos como un arcaísmo de tiempos bárbaros: la edad media. Pero eso si, lo de que te toquen la herencia en € nos parece aberrante (de hecho la tendencia en España es la de eliminar el Impuesto de sucesiones). Vamos, que a nadie le parece extraño que el poder patrimonial -supuesto premio del triunfador capitalista- se transmita de generación en generación, perpetuando estirpes de poderosos. Yo quiero lo mio para mi, y si no, para mis hijos. Pero bueno, para eso nacieron las clases medias.
también hemos hablado de la postura liberal: lábrate tu propio camino y todo eso, que sería el contrapunto a lo anterior. No solo no heredas nada, si no que el estado no te atiende, aunque respeta tus derechos individuales de forma escrupulosa.
A medio camino entre las dos orillas, me he encontrado esta frase:
A mis hijos les quiero dejar lo suficiente para que hagan algo, pero no suficiente para que no hagan nada. (Martin Varsavsky, hablando de filantropía)
Siendo iluso, a lo mejor el estado debería hacer eso con todos sus hijos…
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